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Mostrando entradas de junio, 2017

Con la llegada de la sangre. Octavio Gómez Milián

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Ateca
Junto a la estación. Aliento de luna que muere. Te esperé hasta que crecieron las hierbas en la casa del hombre  que movía las agujas. No hubo más trenes.
Cuando no queda nadie

Amor
Duermes, en tus ojos se cierra todo el abismo de mi vida, respiro lo que tú no respiras. Al besarte limpias mis labios  de muerte.
Recreo
Cada día espero que la boca abierta de la niebla se alimente de este cuerpo interino. Devora todo lo que dejo que devore.
Estación
Te esperé alimentándome de insectos que se alimentaban de mí.
Con la llegada de la sangre

Cuando queremos hablar de poesía contemporánea, hablamos de amistad dice Luis Othoniel Rosa, en su blog sobre reseñas de poesía, y también dice que "el poeta no sólo escribe versos en su torre de marfil, sino que domina todos los aspectos del proceso (diseño del libro, impresión, presentación y lectura)" y yo estoy totalmente de acuerdo con él y así es en el caso de Octavio Gómez Milián. En este poemario Octavio deja su torre de marfil y se man…

Sin criterio, Áurea L. Lamela

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"- Como pasa siempre, no le puedes gustar a todo el mundo: el que llega a estos puestos tiene sus enemigos, pero nada tan serio como para llegar a esto. Desde mi punto de vista, y sin querer meterme en su trabajo, yo pensaría en un indignado de estos, que va por libre y que culpa a los políticos de la crisis. Y que se está tomando una revancha. Es más, andense con cuidado, porque puede ser el primero de más casos. No acaban de tomar conciencia de que cada uno en su medida ha contribuido a esta desgraciada crisis. Coches, pisos, casas, vacaciones en lugares remotos. No se daban cuenta de que eso no es gratis. Y hay que tener sentido común. A nadie le importó endeudarse; y no, no se preguntaban si podían pagar o no. A vivir bien y ya está (...). Y ahora, cuando llegan las duras, todo son antisistema y arremeten contra los políticos. yo iría por ahí. Buscaría a algún resentido, un perdedor.""Muchas veces tuvo presente que Verónica se merecía un escarmiento. Y en un princip…