domingo, 23 de abril de 2017

Día de Libro 2017: Recuerdos agradables del Día del Libro 2016


El día del libro de este año, me ha pasado un poco desapercibido por estar de viaje por tierras francesas, algunas de mis reseñas de libros de este año son de autores franceses o que escriben en francés (Marguerite Yourcenar, M. Duras, Milan Kundera, Pierre Lemaitre, Jean Echenoz, Anna Gavalda, Emmanuelle Carrêre...) y quiero recomendar algún otro autor francés que estoy descubriendo además de recordar los clásicos que me ayudaron a ver la vida de otra manera en mi adolescencia y mi juventud. He aquí un homenaje a la literatura francesa que yo conozco o recuerdo de haber leído en mis años de Bachiller y primeros años de universidad.
MJ




  Espléndida recopilación de autores y obras de la literatura francesa en este blog. 


Realismo
A Honoré de Balzac se le considera un autor puente entre las dos corrientes, la romántica y la realista.  Pero su disposición materialista, observación minuciosa y preocupación por el detalle, le convierten en el primer realista. Su ambiciosa obra La comedia humana, escrita en veinte años, consta de novelas y relatos breves. 
Entre los grandes escritores realistas franceses figuran Stendhal, Gustave Flaubert y Prosper Mérimée. La aguda percepción psicológica de Stendhal se anticipó a los novelistas psicológicos modernos y fue reconocida y alabada por Balzac. Las novelas principales de Stendhal son La Cartuja de Parma (1839) y Rojo y negro (1830). El ejemplo más claro del realismo meticuloso de Flaubert lo tenemos en Madame Bovary (1857). Su técnica es sutil y sus resultados sublimes; los personajes y las situaciones van creciendo ante el lector a través de una acumulación gradual de detalles cuidadosamente observados y presentados por el autor. A pesar de tener ciertas cualidades románticas, a Mérimée puede considerarse como realista por el retrato psicológico de sus personajes. (...)

Naturalismo
(...)
El naturalismo fue adoptado como principio fundamental y técnica literaria por Émile Zola, el escritor más significativo de este movimiento. Usaba el término en particular, para describir el contenido y propósito de sus novelas, que se caracterizaban por el determinismo histórico formulado por Taine. La técnica literaria de Zola se ve claramente en La taberna (1877), Nana (1880), y Germinal (1885). Fue tan extrema la influencia de su técnica que en 1887 Edmond de Goncourt y Daudet, junto con cinco discípulos del mismo Zola, formaron un grupo de oposición responsable por medio de un manifiesto contra la novela de Zola La Tierra (1888). También se opuso a Zola el escritor Paul Bourget, famoso por su novela El discípulo (1889) que daba más importancia a la motivación psicológica que a la ambiental, un aspecto del naturalismo ignorado por Zola. En el campo del relato breve, el escritor naturalista más importante fue Guy de Maupassant, cuyas obras incluyen las colecciones Mademoiselle Fifí (1882) y Cuentos de día y de noche (1885), así como varias novelas; como escritor de relatos breves, Maupassant, cuyo maestro literario fue Flaubert, no tiene igual. (...)
Anatole France tenía una visión social parecida, en cierto modo, a la de Zola, pero él utilizó la ironía en su expresión. Sus obras más características son, quizás, la novela corta realista, El caso Crainqueville (1901), y sus fantasías satíricas La isla de los pingüinos (1908) y La rebelión de los ángeles (1914). 

El siglo XX
La literatura en Francia en el siglo XX se ha visto profundamente afectada por los cambios que han conmovido a toda la vida cultural de la nación. A los impulsos innovadores del simbolismo, se añadieron grandes influencias foráneas, como por ejemplo, la danza moderna introducida por la bailarina estadounidense Isadora Duncan y el ballet ruso, la música del compositor ruso Ígor Stravinski, el arte primitivo y, en literatura, el impacto que produjo el novelista Fiódor Dostoievski y, un poco más tarde, el novelista irlandés James Joyce. Las tendencias se compenetraron tanto, y los cambios fueron tan rápidos, que es necesario que los veamos desde la perspectiva del tiempo para comprenderlos bien.
  
Algunos individualistas
Por el camino de Swann (1913), de Marcel Proust, volumen primero de En busca del tiempo perdido, se considera generalmente, una de la mejores novelas psicológicas de todos los tiempos. Romain Rolland, cuya obra más famosa, Jean Christophe, apareció en diez volúmenes entre 1904 y 1912, pasó la I Guerra Mundial en Suiza, escribiendo llamamientos pacifistas. Sus ideas sobre la guerra están contenidas en su novela Clérambault: historia de una conciencia libre durante la guerra (1920). El inmoralista (1902) de André Gide expresaba la convicción de que, mientras la libertad en sí misma es admirable, la aceptación de las responsabilidades requeridas por la libertad es difícil, tema que llevó aún más lejos en La puerta estrecha (1909). La obra de Gide se distinguió por su independencia en el pensamiento y la expresión. La famosa novela Jean Barois (1913), de Roger Martin du Gard, es un estudio sobre el conflicto existente entre el entorno místico y la mente científica del siglo XIX. 
Jean Cocteau, trabajó en diferentes campos artísticos, y fue el autor, entre muchas otras obras, de el libro de poemas Canto llano (1923), de la novela Los hijos terribles (1929), de la obra de teatro La máquina infernal (1934), de la película La sangre de un poeta (1930), de crítica, así como de ballets. 
Jean Giraudoux llamó la atención en un principio por sus narraciones realistas de la vida provinciana francesa (Los Provinciales, 1909). 
Jules Romains empezó escribiendo teatro pero luego se pasó a la novela. En Los hombres de buena voluntad (27 volúmenes, 1932-1947), intentó condensar la vida moderna francesa al completo. Escribe sobre la doctrina llamada unanimismo, teoría según la cual el individuo y la sociedad son un todo. La novela de Jules Romains retrata el alma colectiva de la sociedad. 
Guillaume Apollinaire fue escritor y poeta de manifiestos culturales. Su obra Los pintores cubistas (1913) sirvió de instrumento para establecer la escuela cubista de pintura. Sus volúmenes de poemas Alcoholes (1913) y Caligramas (1918) fueron muy populares entre los surrealistas, grupo en el que influyó de manera notable. 
Debido a su gran éxito popular y a su extraordinaria productividad (publicó un total de ochenta volúmenes), Colette (Sidonie Gabrielle Colette) tardó mucho en ser reconocida. El valor literario de sus escritos fue finalmente reconocido en Francia por Marcel Proust y André Gide. El estilo de novelas como Chéri (1920) y Gigi (1945) es muy elegante, y su aguda percepción la une a los grandes realistas psicológicos del mundo literario.
  
La I Guerra Mundial
El relato realista de la I Guerra Mundial en El fuego (1916) de Henri Barbusse inspiró Las cruces de madera (1919) de Roland Dorgelès, precursores de los libros antibélicos de finales de la década de 1920 que aparecen no sólo en Francia, sino también en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. El ensayista André Maurois escribió sobre la guerra en clave de humor en Los silencios del coronel Bramble (1918). Más tarde fue uno de los primeros en escribir biografías noveladas como Ariel, o la vida de Shelley (1923). La suave ironía con la que el cirujano Georges Duhamel trató el tema bélico en Vida de mártires (1917) le separó tanto de aquéllos que veían la guerra como una experiencia gloriosa como de los que sólo veían el horror. En sus últimas novelas Duhamel se convirtió en cronista de la Francia burguesa. Todos los horrores de la I Guerra Mundial aparecieron en toda su crudeza en El gran rebaño (1931) de Jean Giono, cuyas obras muestran un pacifismo militante y una antipatía por la hegemonía de las máquinas.
  
Dadá y Surrealismo
En los últimos años de la I Guerra Mundial surgió en Francia, Alemania, Suiza, España y muchos otros países, un movimiento de jóvenes poetas y pintores que dieron lugar a las vanguardias artísticas. En rebelión contra todas las formas artísticas tradicionales, iniciaron su andadura declarando su intención de destruir el arte. Hacia 1923, algunos miembros del grupo, bajo el liderazgo de André Breton, se separaron del resto y formaron un movimiento, utilizando para denominarlo un término inventado por Guillaume Apollinaire: el surrealismo. Breton, el líder y máximo exponente del grupo, empezó su carrera estudiando medicina. En 1916 influyó en él notablemente Jacques Vaché, que proclamaba su deseo de vivir en permanente estado de aberración mental. 
Por la naturaleza dictatorial de Breton, que chocaba con la independencia de sus miembros, el grupo siempre fue muy cambiante. Algunos de los que pertenecieron, en un momento u otro, al surrealismo se mencionan más adelante. 
Primero dadaísta, Louis Aragon se pasó al surrealismo en 1924 y escribió varios libros de poemas, incluyendo El libertinaje (1924). En 1928, sin embargo, en Tratado de Estilo, atacó los motivos de sus obras. Se hizo comunista en 1930, fue entonces expulsado del movimiento surrealista. Sus novelas Las campanas de Basilea (1934) y Los bellos barrios (1936) le consagraron dentro y fuera de Francia. Durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial, volvió a escribir poesía, en Le Crève-coeur (1941; El quebranto, 1943) y Los ojos de Elsa (1942), para lamentar la derrota de su país. 
En Paul Eluard, el movimiento halló, quizás, a su mejor poeta. Tras un comienzo dadaísta, sus poemas, de Le Necéssité de la vie et la conséquence des reves (La necesidad de la vida y la consecuencia de los sueños, 1921), son modelos de imágenes independientes entre sí. Cuando se unió al grupo surrealista, en 1923, Eluard entrelazó las imágenes en la contemplación del amor como parte del espíritu universal, particularmente en Morir de no morir (1924) y Capital del dolor (1926). 
Philippe Soupault, fundador del movimiento surrealista con Breton, fue desacreditado por los propios surrealistas en 1930 por el contenido de sus estudios Henri Rousseau, le Douanier (1927) y William Blake (1928), en los que se dejaban ver ciertos principios contrarios al movimiento. 
  
Otras maneras y temas
Algunos novelistas emplearon maneras diferentes de expresión, no surrealistas, para describir el espíritu de aquellos tiempos. André Malraux, que había vivido la revolución y la contrarrevolución, refleja una vida sobre la que siempre se cierne la muerte en sus novelas La condición humana (1933), sobre la revolución en China; La época del desprecio (1935), sobre el movimiento marginal anti-nazi en Alemania, y La esperanza (L'Espoir, 1938), sobre la Guerra Civil española. 
El aviador Antoine de Saint-Exupéry llegó a ser considerado el escritor mejor de su generación, con obras como Vuelo nocturno (1931) y Tierra de hombres (1939). El enfoque humanístico de El principito (1943), ha convertido esta fábula amable en libro favorito universal de chicos y grandes. En materia de misantropía absoluta, no se han llegado a superar las novelas de Louis Ferdinand Céline; Viaje al fin de la noche (1932) describe la catástrofe sin posibilidad de alivio, y en Mort à crédit (1936) todas las aspiraciones humanas están sujetas a una cruel ironía. Marguerite Yourcenar, nacida en Bruselas de doble nacionalidad francesa y estadounidense, es alabada por la pureza clásica de su estilo e intelectualidad. Escritora de novelas históricas tales como Memorias de Adriano (1951) y su biografía familiar Recordatorios (Souvenirs Pieux, 1973), fue la primera mujer en 1980, que accedió a la Academia Francesa. En contraste, están las historias populares semiautobiográficas sobre el amor moderno de Françoise Sagan, una de las primeras novelistas que publicó después de la II Guerra Mundial. La primera novela de Sagan, Buenos días tristeza (1954), que ganó el premio de la crítica, fue la que la consagró. 
A Jean-Jacques Servan-Schreiber, fundador del semanario L'Express (1953) y miembro del gabinete del presidente Valéry Giscard d'Estaing en 1970, se le atribuye haber cambiado la opinión pública francesa sobre la guerra de Argelia por sus exposiciones de las atrocidades cometidas por los franceses, Teniente en Argelia (1957). En El desafío americano (1967) alertaba sobre la excesiva influencia de los Estados Unidos en Europa.
  
Existencialismo
En la década de 1940, bajo el liderazgo del filósofo, dramaturgo y novelista Jean-Paul Sartre, una dimensión negativa y pesimista desarrolló el movimiento filosófico y literario llamado existencialismo. La tesis general —expuesta en El ser y la nada (1943) de Sartre— plantea básicamente que la existencia humana es inútil y frustrante, y que el individuo es solamente un cúmulo de experiencias personales. En sus obras dramáticas Las moscas (1943), A puerta cerrada (1944), y Las manos sucias (1948), Sartre se extendió en temas que ya habían sido tratados antes de la guerra en su libro de cuentos El muro (1939). En su trilogía Los caminos de la libertad (1945), intentó mostrar al individuo sin ilusiones y consciente de la necesidad de participar en todas las instancias de la sociedad. La discípula más acérrima de Sartre fue su compañera de toda la vida Simone de Beauvoir, que escribió, entre otras muchas obras, la novela Los mandarines (1954), que trata de un modo encubierto las relaciones personales de algunos de los principales existencialistas franceses. Su obra La ceremonia del adiós (1981) es un homenaje a Sartre. En su día, Albert Camus podría haber sido englobado en el existencialismo, particularmente por su obra Calígula (1944); aunque en sus dos novelas más importantes, El extranjero (1942) y La peste (1947), reconoció la conveniencia y la necesidad del esfuerzo humano.
  
Últimas tendencias
En la década de 1950, dos escuelas de literatura experimental surgieron en Francia. El teatro del absurdo y el antiteatro cuyo claro ejemplo son las obras del rumano de nacimiento Eugène Ionesco, de Samuel Beckett y de Jean Genet. La popular Esperando a Godot (1948) de Beckett, y Los negros (Les Nègres, 1959) y Los biombos (Les Paravents, 1961) de Genet son claros ejemplos de esta escuela, opuesta al análisis psicológico y al contenido ideológico del existencialismo. 
A la vez que el antiteatro, surgió la antinovela o nouveau roman (un término aplicado por primera vez por Sartre a una novela de Nathalie Sarraute) que ha llamado mucho la atención, principalmente las novelas y teorías de Sarraute, Claude Simon, Alain Robbe-Grillet y Michel Butor. Al igual que los dramaturgos, los nuevos novelistas se oponen a las formas tradicionales de la novela psicológica, enfatizando el mundo puro y objetivo de las cosas. 
Entre los escritores que han dominado el panorama literario más reciente destacan los miembros del OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle, ‘taller de literatura potencial’), como Georges Perec, Raymond Queneau y Jacques Roubaud, o escritores de la talla de Michel Tournier, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Philippe Sollers y Marguerite Duras. 

Escritores actuales franceses. El País
Escritores franceses contemporáneos


En recuerdo al día del libro del año pasado.

Para conmemorar el Día del Libro del año 2016, en el 400 aniversario de la muerte de Cervantes, Universo la Maga, me ha concedido una entrevista como blogera, ya en el mes de febrero, me eligieron entre los 170 mejores blog literarios de España e Hispanoamérica (http://www.universolamaga.com/blogs-de-libros-blogs-literarios/). Hoy es un día muy importante para mí, porque una dedicación totalmente altruista a la que dedico de forma habitual bastante tiempo de mi ocio: la lectura,  se convierte en algo que interesa a un montón de gente.
Gracias a todos por leerme y compartirme.
MJ



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